Arabopó, Salto K. SS 1999


Para la Semana Santa del año 1999 decidimos irnos de vacaciones a Arabopó, o más específicamente, a pasar un buen rato en las proximidades del Salto K.


Este era para ese entonces algo así como que el paseo perfecto. Una buena duración, paisajes poco menos que alucinantes, un destino paradisíaco, y en cuanto a grado de dificultad, el toquecito de picante que hace estos paseos mucho más interesantes.


Por supuesto que, como solemos hacer con muchísima frecuencia, este fue un viaje familiar para disfrute de las esposas, los chamos y hasta de los viejitos.


En cuanto a los vehículos, basta con ver las fotografías que ilustran este entrada para darse cuenta de que, en su mayoría, se trataba de Land Cruiser originales, uno que otro equipado con winch y cauchos de medida contenida.

La foto de costumbre. Parece ser que no importa cuantas veces hayas pasado por aquí, la parada para hacer esta foto es ineludible.

Unas compritas de última hora en el vecino país.

Inspecciones y ajustes finales en nuestro campamento situado a unos pocos kilómetros al norte de Santa Elena.

Casi listos para abandonar el campamento y partir rumbo a Arabopó.

La caravana en marcha.

El cruce del Seitá.

Continúa la marcha.

El camino por delante.

Las paradas siempre son parte importante de los paseos con los amigos.

No es tan difícil, ni tan empinado como parece.

La frontera entre Venezuela y Brasil nos acompaña parte del camino.

Avanzando lenta y cuidadosamente. El parachoques de serie no es muy fuerte que se diga.

Hubo que reparar y colocar en su sitio este pequeño puente para poder continuar.

No. No es un submarino, ni un topo, aunque lo parezca.

Aún novatos en la ruta, y con los vehículos prácticamente originales, en aquel entonces hacíamos escala para llegar al K.

Allá , al fondo, chiquitico, ya se ve el salto K.

Ya estamos más cerca. El paisaje, insuperable, recuerda a esas películas ambientadas en idílicos mundos perdidos.

Ya casi casi estamos ahí.

La foto de rigor en la base del salto.

La tertulia.

La comida.

Como siempre, los más pequeños disfrutan de todos los tíos con los que comparten los paseos.

El campamento.

Una panorámica hecha con varias fotos, ya viejas, y un poco de cinta adhesiva, donde se aprecian el campamento y el Salto K.

Disfrutando de un balneario privado, realmente especial.

Otro espectacular balneario disponible para disfrute del grupo en las cercanías.

Salvo por este paso, que requirió ayuda de quien si tenía winche, un regreso muy complicado a causa de la magnitud de los inconvenientes mecánicos de un vehículo de otra marca, nos impidió dedicar el tiempo que hubiéramos querido a la fotografía. Pronto volveremos.

http://tucanviajero.blogspot.com

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