Canaima 1.988

En Semana Santa de 1.988 emprendimos nuestro segundo viaje a Canaima. En vista del éxito del año anterior (puede ver la entrada relativa a ese viaje aquí) en esta oportunidad nos atrevimos a traer unos amigos para que compartieran con nosotros esta nueva aventura.

Una breve parada saliendo de Caracas solo para llenar los tanques de los lava parabrisas y otras inspecciones menores. Hasta ahora todo perfecto, sin ningún inconveniente.

A partir de Panaquire, comenzamos a notar que la temperatura del motor del 40 había subido un poco. Ya a la altura de Cúpira, no nos quedó mas remedio que detenernos puesto que el motor estaba realmente recalentado.

Una rápida inspección nos hizo darnos cuenta de que lamentablemente la empacadura de la cámara era la causa del recalentamiento.

Como regresar no era una opción, resolvimos reemplazarla allí mismo, en la bomba de Cúpira. Para ello, una comisión partió al Guapo, a buscar la empacadura de repuesto, mientras otros permanecieron en el sitio, iniciando el trabajo de desarmar el motor.

Avanzado el proceso de desarmado, y contando con un improvisado techo para proteger del inclemente sol a nuestros mecánicos, aquí vemos el momento en que llega el esperado repuesto.

El hacha podía resultar útil para raspar los restos de empacadura vieja pegados del bloque y la cámara.

Ya podemos ver la empacadura nueva en su sitio.

Un tema que nos preocupaba bastante era el de cómo ajustar correctamente los tornillos de la cámara, lo que pudimos resolver gracias a que la gente de un taller adyacente a la bomba de gasolina nos alquiló un torquímetro por la astronómica suma de Bs. 100

Aquí se aprecia el esfuerzo necesario para colocar cuidadosamente la pesada cámara en su lugar. Fue bueno contar con este tipo de trompa para facilitar la tarea.

Culminada la reparación, aunque bastante retrasados, retomamos el camino hacia el estado Bolívar.

Una anécdota simpática de este viaje se basó en la constante competencia entre los dueños de la Caribe y el Machito por demostrar quien tenía el mejor carro.

Una de las discusiones giró en torno al hecho de que, indudablemente, el consumo de gasolina del Macho era inferior al de la Caribe. Durante todo el viaje, le echamos gasolina al Machito con un bidón a escondidas, por lo que esta descabellada teoría quedó perfectamente demostrada a los ojos de los ocupantes de la Caribe. Lo más difícil era ocultar nuestras risas cada vez que lográbamos echar gasolina sin ser descubiertos por las víctimas de nuestra broma.

El dueño de la Caribe, por supuesto no podía creer lo que estaba pasando, y en su afán por demostrar que lo que estaba pasando no era posible, lo intento todo, desde disminuir muchísimo la velocidad, hasta dejar de usar el aire acondicionado.

El engaño se prolongó hasta mucho después de haber regresado a Caracas, una vez terminado el viaje.

Llegamos muy tarde al Puente de Angostura, por lo que, al igual que el año anterior, decidimos pasar la noche allí. Esta es la vista desde nuestro lugar de pernocta.

Amanece, y hay que retirarse rápidamente, antes de que lleguen las señoras a ocupar sus kioscos de venta de comida.

Cruzando el puente, por fin.

Cansados por los eventos del día anterior, decidimos dedicar este día al turismo por los alrededores de Puerto Ordaz y San Félix, lo que por supuesto incluyó visitas a los Ríos Caroní y Orinoco.

Como siempre, un buen baño, además de resultar agradable para combatir el calor, sirve también para desprenderse de ciertos olores, que tienden a acumularse un poco en este tipo de paseos.

Partimos hacia el sur. En esta oportunidad pretendíamos explorar una carretera de la que habíamos oído algunos cuentos y creíamos haber ubicado en el mapa. Supuestamente nos permitiría llegar a Canaima partiendo desde las cercanías de San Félix.

Esta es la carretera que buscábamos, usada principalmente por camiones de una concesión maderera desplazándose generalmente a muy alta velocidad. Esta situación la convertía en una opción realmente peligrosa.

Este señor insistentemente nos advertía de los peligros de compartir esta carretera con los camiones madereros: “Por aquí no pasan carros” repetía constantemente. Amablemente nos hizo saber que no nos sería posible continuar, puesto que esta desaparecía mas adelante, producto de las lluvias e inundaciones que existían más al sur.

Como de todos modos resolvimos seguir adelante, nos invitó a visitarlo cuando tuviéramos que emprender el regreso.

La morada del amable señor. En este momento, no nos imaginábamos que terminaríamos por aceptar su invitación.

Continuamos hacia el sur. Quizás sea oportuno aclarar aquí las razones por las que hicimos caso omiso a las advertencias acerca de no seguir adelante por esta carretera.

Hay que tomar en cuenta que para la época, éramos pocos los que nos aventurábamos a viajar de esta manera. Aún no estaba de moda esto de los “rústicos”, “el rustiqueo” o el 4×4.

Por tanto, cada vez que salíamos, resultaba extraño para los lugareños ver a citadinos sin experiencia, tratando de recorrer regiones alejadas y de difícil acceso del país, en vehículos aparentemente poco aptos para ello.

Así que siempre recibíamos comentarios y advertencias de que no podríamos llegar a un lugar u otro. Acerca de que nos resultaría imposible llegar a casi cualquier sitio alejado de la civilización que estuviéramos tratando de alcanzar. En consecuencia, aprendimos a agradecer e ignorar las advertencias, y seguir siempre adelante, hasta comprobar por nosotros mismos si realmente era imposible lo que nos proponíamos lograr.

De no haberlo hecho así, creo que nunca habríamos llegado a ninguna parte.

Tal como nos habían advertido, tras avanzar algunas horas más, en esta oportunidad tuvimos que tomar la decisión de regresar, para retomar la ruta más conocida a Canaima, bajando por la carretera negra vía Ciudad Piar y La Paragua.

En esta foto se aprecian con facilidad las huellas de las ruedas de los camiones que dominaban con exclusividad esta ruta.

Pasando la noche en la vivienda de nuestro amable anfitrión, donde nos recibió en compañía de su mujer.

Por cierto, una vez más nos tocó echar llave, puesto que el señor nos contó que se le había dañado su planta eléctrica hacía algún tiempo. Así que decidimos intentar repararla como una manera de retribuir su hospitalidad. Logramos ponerla a funcionar y le dimos instrucciones sobre como reemplazar una pieza que habíamos parapeteado para hacerlo.

Cuando nos marchamos al día siguiente, todos coincidimos en que la pieza nunca sería reemplazada y en que con toda seguridad, la planta tendría que funcionar así por mucho tiempo.

En el camino de regreso a Puerto Ordaz.

Otra vez en plan de descanso. En el muy conocido Parque Cachamay.

Ahora si. Rumbo al sur, hacia Ciudad Piar y La Paragua, después de dos días de intentos fallidos, pero igualmente divertidos.

Por esta carretera si estábamos seguros de que llegaríamos, pero sin el atractivo que buscábamos inicialmente, por conocida y estar recubierta de eso que llaman asfalto.

La chalana en el Río Paragua, donde nos anunciaron que nos esperaba una larga espera puesto que tenía dos días accidentada. Tenía problemas con el arranque y las baterías descargadas.

Comienza la espera

Definitivamente este viaje iba a estar caracterizado por la necesidad de echar llave. Finalmente decidimos intentar reparar el arranque nosotros mismos, y de ser necesario, usar las baterías de nuestros carros para lograr cruzar el río y poder continuar nuestro camino.

El problema resultó ser una bocina, que logramos reemplazar cortando una un poco más grande que conseguimos en el pueblo. Por suerte, era del mismo diámetro que el eje del rotor.

Después de eso, y de conectar nuestras baterías, arrancó la chalana y por fin cruzamos el río.

Por cierto que en agradecimiento, cruzamos gratis, tanto de ida como de vuelta, unos días después.

Camino al Chiguao.

Así lucía ahora el cruce del Chiguao. Por efecto del Guri, en apenas un año, este cruce pasó de ser un simple paso de río a lo que se parecía más a un inmenso mar.

Esperando por la chalana que se encontraba del otro lado. Solo que en esta ocasión, a causa de la gran distancia, no podíamos gritarle al chalanero para que viniera a buscarnos. De manera que dos de nosotros decidimos cruzar a pie y a nado, a fin de avisarle de nuestra presencia.

Tras lograr contactar al chalanero, comenzamos el largo cruce del ahora “Lago Chiguao”.

La razón para comenzar a cruzar con los carros es que dada la poca profundidad en la ribera norte del río, la chalana no podía aproximarse hasta donde esperábamos por ella. De manera, que se hacía necesario vadear una larga distancia para poder llegar hasta el punto más próximo al que podía llegar el chalanero.

Así era la aproximación a la chalana en este punto medio del río.

Abordando a medio camino.

En la ribera sur, el desembarque es más normal.

Nos quedamos justo después de cruzar el Chiguao, cerca de la casa del chalanero.

Una novedad de este viaje, la constituyó el hecho de que por primera vez trajimos con nosotros una cava y un par de sillas plegables.

Peleando en la trilla, que para el CJ7 siempre supuso un problema por ser este más ancho que el estándar Toyota con que se habían hecho estas.

La carencia de equipamiento nos obligaba constantemente a recurrir al ingenio y a los métodos más rudimentarios para vencer los obstáculos y sacar los carros cada vez que alguno se pegaba.

¿Posando?

Oscureciendo en la trilla.

Habiendo llegado bastante tarde, acampamos para pasar la noche en las afueras del poblado de Las Bonitas.

La Caribe sacando al 70 una vez más.

Este pozo, oculto a un lado de la trocha, se hizo parada obligatoria en todos nuestros paseos a la zona.

El tema de las múltiples trochas no es nada nuevo.

Una vez más la multiplicidad de trillas, hechas por los lugareños y pipoteros, esta vez en un momento y en una zona donde nadie, salvo tal vez nosotros, practicaba el “rustiqueo”.

Otra imagen que muestra claramente lo ridículo de las acusaciones y presunciones sobre lo recientemente ocurrido en la Gran Sabana.

Llegamos aquí buscando con quién cuadrar el cruce del Río Caroní.

Preparándonos para cruzar en curiara.

Cruzando el Caroní.

La foto de grupo, ya en la otra orilla.

Ya en la Laguna de Canaima. Una vez más, no tuvimos mayor problema para acampar tranquilamente a sus orillas ¡Que tiempos aquellos!

Realmente nos sentíamos bienvenidos aquí.

Puerto Ucaima.

Vivienda indígena del otro lado de Puerto Ucaima.

Disfrutando de las instalaciones de Hoturvensa.

Estos dos y que se iban en avión.

Esa noche llegó la familia del ex-presidente Rafael Caldera. La Guardia Nacional no permitía que la gente se acercara. Se alojaron en una cabaña muy grande y lujosa en las cercanías de Hoturvensa. Fue mi primer contacto directo con la corrupción. Hoy, de seguro, todo será muchísimo peor, pero con los boliburgueses y sus familias como protagonistas.

Así se veía el campamento de Hoturvensa desde el nuestro, ubicado en la laguna.

Esta joven amiga nos hizo mucha compañía durante nuestra estadía en Canaima.

Emprendiendo el regreso.

Ya en el Caroní, tras superar el pequeño tramo selvático que lo separa de la sabana.

Habiendo encontrado los carros sanos y salvos, nos disponemos a enfrentar el camino de vuelta.

Una vez más, las múltiples trillas.

La Caribe en acción. A medida que transcurría el paseo, más nos impresionaba el comportamiento de este vehículo, que sin pretensiones vencía cuanto obstáculo se interponía en su camino con mayor facilidad que la esperada.

Aquí se aprecian fácilmente las marcas que dejábamos a nuestro paso cuando los carros arrastraban los cocos. Cuando este roce lograba detener el avance e los vehículos, nos veíamos ante la causa más frecuente de retrasos que tuvimos que afrontar durante todo el viaje.

La Caribe jalando al Machito o el Machito jalando a la Caribe. Lo importante es que esta escena se repitió en innumerables ocasiones.

Abriéndonos paso. Hoy en día, en que no se va ni a la playa sin tener al menos un winche, un hi-lift y al menos un bloqueador, dan risa las herramientas con que contábamos para ello. Lo cierto es que teníamos que trabajar bastante, y el avance era muy lento.

Esta subida estaba decorada con los restos que evidenciaban los daños y roturas sufridas por los vehículos cargados que deben afrontarla para transportar sus mercancías.

Entre otras cosas, vimos restos de amortiguadores, gemelos, pedazos de cardanes, componentes de diferenciales, etc., etc.

Dejar caer el carro de aquí, equivalía a quedar atrapado por un largo trecho en que forzosamente había que transitar dentro de la trilla, sin posibilidad de escape hasta llegar a un sitio plano. Ello implicaba sufrir innumerables paradas y atascos a causa del roce de los diferenciales con el piso.

Cruzando nuevamente el Chiguao. Esta vez de regreso.

Finalmente cruzando Angostura, rumbo a casa, en la ciudad de Caracas.

http://tucanviajero.blogspot.com

10 thoughts on “Canaima 1.988

  1. Buenos dias, lelledo la experiensia del viaje me sentia transportado con uds…Muchas gracias por compartir sus anecdotas

  2. Que tiempos aquellos, la 1ª vez que fui a Canaima por carretera fue en el año 78 y la 2ª en 2001,no habia problemas de inseguridad, dormiamos donde nos agarraba la noche a orilla de carretera tranquilamente, no existia GPS ni los accesorios de recuperacion, de vaina pala, pico, mecate, gato y machetes para cortar palos y hacer la trocha si nos pegabamos, ir a la Gran Sabana era otra aventura los rios los pasabamos en chalana, desde El dorado a Santa Elena tardabamos 3 dias porque la carretera era de tierra, tambien viajar a Pto Ayacucho era otra aventura desde Biruaca hasta paso Arauca era un terraplen y luego era trilla por la sabana, tardabamos 5 dias en llegar de los cuales 2 estabamos perdidos por la gran cantidad de trillas, y nos regresabamos por los Pijiguaos que era una trocha en la selva parecida a Canaima, los pasos de rio eran 3 curiaras amarradas lateralmente con mecates y unas tablas por arriba que era donde montabamos los carros y saliamos por Caicara del Orinoco, ahora todo es una exibicion de accesorios y el que tenga los de marca ese es el mas arrecho, de repente ni lo sabran usar solo para pantallear.

  3. Casi nunca me encuentro con un blog o una noticia que sera entretenido a la par de educativo y quiero decirles que estoy impresionado con lo que me he
    encontrado en esta pagina, seguir escribiendo así 🙂

    • Hola,

      Muchísimas gracias por visitarnos y por sus elogiosos comentarios que sin caer en falsas modestias, no creemos merecer. La verdad es que este blog comenzó solo con la intención de compartir una información que ya teníamos y que de otra manera se hubiera perdido. Hoy en día no es más que un pasatiempo que tenemos demasiado tiempo sin remozar o actualizar. Aunque como consecuencia de muchos y diversos asuntos, pretendemos retomar el blog, con un poco más de énfasis en los temas técnicos, una vez que regresemos de un viaje internacional que estamos próximos a emprender.
      Una vez más, gracias por sus comentarios que nos impulsan a dedicar más tiempo a esta actividad.

  4. Excelente reseña, que locura no haber llevado ni picos, ni palas. En esa época se hacía de otra manera !! Muy buena !! Me pregunto como estará esa ruta hoy día

    • Hola,
      En primer lugar deseamos disculparnos por el tiempo que hemos tardado en responder a sus amables comentarios, a la vez que agradecemos el que se haya tomado el tiempo para escribirnos.
      La verdad es que hacíamos todo de manera más simple, pero muy rara vez dejamos de llegar hasta donde nos lo propusimos. Lo mejor de todo es que éramos felices y lo sabíamos.
      Gracias por leernos

      Saludos…
      tucanviajero.com

  5. Bueno bueno bueno, tremendo reportaje, ameno, divertido e interesante. La cantidad de fotografías que acompaña hace sentir de verdad las penurias que pasaron. Buenissimo. Felicidades. Yo también fui en 1981 a Canaima… en avión claro… saludos

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