Fin sabanero de un viaje a Cusco.

En nuestro último viaje a Cusco, (click aquí) salimos de Venezuela hacia Brasil por Santa Elena de Uairén y, al regresar, entramos desde Colombia por El Amparo, en el Estado Apure. Esto trajo como consecuencia que nuestros carros estuvieran en situación irregular en el país, ya que el gobierno venezolano no cuenta con un sistema que permita registrar el regreso al país de un vehículo, a menos que lo haga por el mismo sitio por el que salió. El único control consiste en anotar en un libro quién sale y quién entra. Absolutamente ridículo.

Según cuentan los guardias nacionales apostados en Santa Elena, al transcurrir 30 días sin que les sea reportado el regreso del vehículo al país, este es denunciado como robado, con lo que se oficializa su situación irregular. Además de ridículo, esto resulta totalmente absurdo.

Así las cosas, y considerando que desde que entramos a Venezuela no habíamos informado de nuestro regreso, decidimos aprovechar la circunstancia para salir de paseo a la Gran Sabana.

Tomando en cuenta de que se trataba de un puente en el que la gente normal no emprendería un viaje así de largo, la oportunidad era propicia para visitar los lugares tradicionales a los que no habíamos vuelto en quién sabe cuántos años.

 La emoción del viaje por venir reflejada en una sonrisa.
La intensa lluvia convirtió la carretera en un verdadero río en las cercanías de El Tigre.

¿Cómo es posible que un país que ha disfrutado una increíble bonanza petrolera por años tenga estas miserables carreteras?

Con el puente sobre el Orinoco a la vista, Puerto Ordaz está ahí mismito.
¡Que rico es viajar así! Acurrucada, embojotada y durmiendo, la carretera se hace más liviana y el trayecto más corto.
El drama de la gasolina en un pobre país petrolero. La estación de servicio cerrada desde tempranas horas de la tarde. Entra uno que otro carro, a discreción de los guardias nacionales apostados allí.

Si la causa de los problemas de suministro de gasolina está relacionada solo con el “contrabando de extracción” ¿Cómo se explica lo que ocurre en esta bomba situada a 330 kilómetros de la frontera?

Otra estación de servicio cerrada. Aquí vimos a varios conductores desesperados ante la perspectiva de no poder continuar su viaje a causa de la carencia de combustible.

Nuevamente nos preguntamos por qué ocurre esto en una estación de servicio situada a 248 kilómetros de la frontera.

¿Así se pretende estimular la producción y el progreso del país?

¿Así se impulsa el turismo nacional?

Por fin una parada para conversar un poquito y un cafecito tal vez.
Fin del primer día.

Recorrimos 1.141 kilómetros en algo más de 15 horas y media. Tomando en cuenta el deplorable estado de las carreteras, y la lluvia que nos acompaño buena parte del camino, no está tan mal.

A disfrutar de la cena.
A causa de la casi constante lluvia, resolvimos que lo mejor era acampar bajo techo.
¡Buenos Días!
Este río es increíble. Ofrece SPA, piscina para adultos, piscina para niños, trampolín… En fin, todo lo que se pueda desear en un solo lugar.
 
Ya libres del molesto tráfico, continuamos el camino hacia el sur.
Aprovechamos la ausencia de turistas para visitar los lugares clásicos de la Gran Sabana, que hace muchísimos años no visitábamos, y que resulta imposible ver o disfrutar cuando están llenos de gente.
El derecho de los indígenas a cobrar peaje solo por ver ciertos lugares fue motivo de reflexión y discusión. Por un lado, creemos que la industria del turismo ofrece una buena oportunidad a los lugareños de ganarse el diario sustento.

Sin embargo, a veces indigna ver como abusan del supuesto derecho ancestral que pretenden tener sobre estas tierras y las maravillas que las adornan. Una cosa es que organicen paseos, o que armen campamentos e instalaciones sanitarias y cobren por estos servicios, y otra muy distinta que se limiten a cobrar peaje en el acceso a muchos sitios.

Al final, dejamos el tema abierto a futuras discusiones o intercambios de ideas.

Las piscinas infinitas no son un invento gringo.
 

Llegamos a Santa Elena durante El Reto de la Frontera, una importante carrera de bicicletas que se corre anualmente en la región.

Aprovecharíamos el haber llegado temprano para resolver lo del papeleo de entrada del carro en el comando de la guardia nacional este mismo día.

Fin del segundo día. Llegamos a El Paují.

Hoy solo recorrimos 247 kilómetros, puesto que invertimos la mayor parte del día en visitar y disfrutar de muchos lugares emblemáticos de nuestra Gran Sabana.

Los preparativos de la cena.
Nuestros aposentos en El Paují.
A pesar de que El Paují ya cuenta con una planta común para la generación de electricidad, sigue siendo necesario contar con medios para procurarse la propia.
Paseando por la zona.

Resultó muy molesto ver la enorme cantidad de latas vacías de cerveza que se encuentran a lo largo de toda la carretera desde que se sale de Santa Elena. Aunque se acusa a los turistas, particularmente a los “rustiqueros” de causar daños a la naturaleza de esta región, no cabe la menor duda de que son los habitantes de la misma los mayores responsables de ellos.

Paseando por la selva.

Para la más chiquita del grupo, su primera experiencia de este tipo. Afortunadamente la disfrutó a cabalidad.

Contemplando un paso difícil. ¿Y cómo carrizo voy a hacer para subir por ahí?
Disfrutando de un ligero condumio a orillas del río.
La tertulia de la tarde o del anochecer, acompañada de algo de picar y un traguito, suele ser con bastante frecuencia el momento más agradable del día.
El Paují de noche.

Paz y tranquilidad absolutas.

La Plaza Bolívar de El Paují en pleno proceso de restauración.

Nos llevamos la grata impresión de ver que además de la reconstrucción de esta plaza, también se encontraba a punto de ser inaugurada la modernización del centro de comunicaciones de esta población.

El epicentro comercial de El Paují, recuerda a las tiendas que constituían el foco de actividad en los pueblos que veíamos en las viejas películas de vaqueros. Solo falta el letrero de la Wells Fargo.
El descubrimiento gastronómico de este viaje sin duda lo constituyó este Kumachi que se puede adquirir en El Paují.

Descrito brevemente, el Kumachi, Kumache o Kumachí, es un picante hecho a base de una reducción de yuca amarga. Dependiendo de quién lo prepara, puede llevar hormigas, pescado o carne de cacería, además de algún tipo de ají, con el que se le confiere su picor.

A diferencia de otros que se encuentran en otros lugares del Estado Bolívar, en este que les mostramos, no predomina el sabor a vinagre. Se caracteriza por un extraordinario gusto ahumado que lo hace muy especial. Si visita El Paují, no dude en buscarlo.

Emprendiendo el regreso.
La inclinación de esta precaria estructura hace pensar que quienquiera que sea el que la  apuntaló, lo hizo justo a tiempo.

La asquerosa y tercermundista situación en la bomba de gasolina de Santa Elena.

Al más puro estilo comunista, pudimos observar que el representante del partido (el elemento con camisa roja y lentes oscuros cuyo rostro aparece parcialmente oculto con la manguera) maneja el racionamiento de gasolina en este lugar con toda la prepotencia y el despotismo que caracterizan al poder mal habido, inmerecido y sin probidad.

Vimos con asombro como exigía a los pendejos y sumisos pobladores mostrar sus tarjetas de racionamiento, si, TARJETAS DE RACIONAMIENTO, antes de autorizar que les vendieran unos miserables litros de gasolina. También pudimos ver como humillaba a una joven que, en una motocicleta china, trataba de explicar que debido a la lluvia, no había podido cargar combustible el día anterior.

Vergonzoso y triste espectáculo el de un pueblo sin dignidad y de un gobierno incapaz y corrupto que lo humilla.

De visita en Paracaima, Brasil.
Previendo la posibilidad de lluvia, volvimos a emplear el recurso del campamento bajo techo.
El cafecito de la mañana y las arepas del desayuno.
Algo de hipnótico tiene la manera en que nos cautiva la vista de un Tepuy.
Sin pegadas no hay paraíso.
El uso regular del winche se recomienda para confirmar su buen estado de operación, evaporar cualquier rastro de humedad y promover la lubricación de sus componentes.
El creador de esta calcomanía probablemente quiso ser simpático, pero solo logró demostrar su mal gusto, como también lo hizo quién la pegó a la vista de todos.
La vergonzosa y humillante cola para cargar gasolina en el Km. 88.
Más lluvia, que en esta ocasión fue una casi constante compañera de viaje.
La vista del segundo puente sobre El Orinoco nos indica que estamos por dejar atrás el Estado Bolívar y de dar comienzo al fin de este viaje.
Ya en casa, cerramos el último día de este paseo con un recorrido de 1.126 kilómetros en algo más de 15 horas de viaje.

Quedamos pendientes de la próxima salida, repitiendo una vez más aquello de que no hay paseo malo, solo paseos mejores que otros.

¿Y qué pasó con los papeles del carro?

Pues resulta que fuimos a hacer el papeleo de entrada al país del carro tan pronto llegamos a Santa Elena. En el comando de la guardia nacional se pusieron comiquísimos, primero por la hora, ya que según ellos, las 4pm eran muy tarde para estar trabajando. Cuando finalmente se decidieron atendernos, la cómica era por el tiempo transcurrido desde que entramos al país en diciembre. Al final, todas las dificultades se redujeron a la solicitud de que les diéramos “algo” para las copias.

Guardia Nacional Bolivariana, el honor es su divisa.

2 thoughts on “Fin sabanero de un viaje a Cusco.

  1. Pero ala final diste para las copias y hasta pediria por favorcito con carita triste al guardia para que te diera el permiso por que ni los papeles en regla tendrias te faltaria la revicion tectica o la poliza rcv . Estoy muy seguro de que el guardia nacional no te coloco un fusil en tu cabeza para que le dieras para las copias.aprende algo no critiques ni jusgue sin saber hermano lo esperamos en santa elena para que saque el permiso de nuevo ok. Att la guardia nacional bolivariana

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