Cuento de dos paseos. Los Nevados 1988-2012

¨El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences de recordar, o lo que pretendes recordar¨

Harold Pinter

Nunca pensamos regresar a Los Nevados. Pero lo hicimos, sin querer, 24 años después.

1.988

Cuando no teníamos Internet, ni foros, ni idea de que la palabra Garmin formaría parte de nuestro vocabulario de todos los días, nos aventuramos a ir al pueblito de Los Nevados. Decimos que nos aventuramos, no tanto por lo estrecho de la carretera que la sirve, ni por los precipicios que forman parte de buena parte del trayecto. Lo decimos, porque no podíamos ni imaginarnos lo que teníamos por delante. Tan era así, que ni siquiera sabíamos si nos sería posible llegar.

¡Que sabroso era viajar hacia lo desconocido! La emoción de no saber que nos esperaba, convertía cualquier paseo en una expedición. En un acontecimiento lleno de una satisfactoria incertidumbre que es muy difícil vivir hoy.

Para ese momento, la única información que teníamos era que a este pueblo se llegaba en mula desde la cuarta estación del Teleférico de Mérida. La existencia de una carretera practicable era casi solo un rumor. No teníamos manera de saber a ciencia cierta si era posible llegar en carro hasta este pintoresco pueblito. A menos, claro está, que decidiéramos emprender la marcha y comprobarlo por nosotros mismos, que fue precisamente lo que resolvimos hacer en aquella ocasión.

2.012

Una vez más llegó septiembre y con él, la tradición de organizar un paseo para celebrar los cumpleaños de principios de este mes. En esta oportunidad, los cumpleañeros nos sorprendieron con la propuesta de una especie de gira, que entre otros sitios, nos llevaría nuevamente a Los Nevados.

En el grupo, había quienes habían estado allí 24 años antes, quienes lo habían visitado con anterioridad a eso, y unos cuantos que no lo conocían, lo que hacía de la propuesta, algo interesante para todos. Así pues, quedo decidido que celebraríamos los cuatro onomásticos de principios de septiembre en Barquisimeto, Torondoy, donde nos tocaría cantarle cumpleaños feliz a dos de nuestros amigos, y Mérida.

Celebrando el primer cumpleaños en Barquisimeto.

A nuestros anfitriones, si es que llegan a leer estas líneas, nuestro más profundo agradecimiento por sus atenciones y grandes muestras de cariño.

De nuevo en la carretera.A la salida de Barquisimeto, este marino, desde el carajo*, señala quién sabe que peligro, dirección, destino o presa.

* Las embarcaciones antiguas, en su punto más alto, disponían de un lugar de observación que permitía a un hombre divisar a gran distancia la llegada a destino, naves enemigas o cualquier obstáculo que pudiera representar algún peligro para la nave. En este sitio, no solo era muy probable marearse por los movimientos causados por el oleaje y el viento, que se ven multiplicados por la altura, sino que además el marino quedaba expuesto al sol, al frío, a la lluvia y al viento, todo lo cuál naturalmente resultaba muy molesto, e incluso peligroso, dependiendo de las circunstancias. Allí, normalmente al grito de “váyase al carajo”, iban a parar los marineros que cometían alguna falta y merecían algún tipo de castigo.

Camino a Torondoy, donde celebraríamos dos de los cumpleaños, nos desviamos hacia la población de Bobures, con la finalidad de visitar la costa sur del Lago de Maracaibo.

Ya en Torondoy, dimos inicio a la celebración de los onomásticos del día, incluyendo el 75 cumpleaños de nuestro amigo en el pueblo que lo vio nacer.

Torondoy, un pueblo en que solo se respira tranquilidad temprano en la mañana.

La iglesia y la Plaza Bolívar.

Bienvenidos a Mucumpís. Vista del pueblo al aproximarse a él desde Torondoy.

En Mucumpís, una foto de quien toma la casi obligatoria fotografía del grupo.

Los árboles de yagrumo, con su característico brillo plateado, rompen la monotonía y regalan un poco de alegría a la verde vegetación.

Una parada para un refrigerio en el camino a la ciudad de Mérida, donde teníamos planeado pasar la noche antes de continuar hacia Los Nevados al día siguiente.

Llegamos al Hotel La Pedregosa en la ciudad de Mérida, que como se puede apreciar en la fotografía, además de piscina, buenos restaurantes y otros servicios de primera, cuenta con un divertido parque para los chamos.

Mientras tanto, allá por 1.988 iniciábamos nuestro paseo visitando la Laguna de Mucubají.

Acamparíamos en el Parque La Mucuy, situado en el pueblo de Tabay, muy cercano a la ciudad de Mérida, antes de emprender la marcha hacia Los Nevados.

De regreso a 2.012, empezamos a transitar el camino a Los Nevados.

Un derrumbe en la carretera nos forzó a desviarnos por una larguísima y estrecha bajada que requería el uso de la mocha para preservar los frenos y evitar su recalentamiento.
Considerando el camino que tenemos por delante, no está de más tomar precauciones adicionales para conservar los frenos.

Superado el inconveniente supuesto por el desvío, emprendimos otra vez en la ruta a Los Nevados.

Obras de reparación de la carretera al otro lado de la vertiente. En la montaña de enfrente, pues.

El estrecho camino discurre pegado a la montaña con el profundo barranco como constante compañero de viaje.


Mientras, en 1.988 encontramos que no sólo el camino era mucho más estrecho, sino que la carencia de recursos, equipamiento y el poco confort que ofrecían nuestros vehículos, nos obligaban a hacer paradas más frecuentes. Aquí aprovechamos para llenar el moderno camelback que empleamos para aprovisionarnos de agua.

Los lugareños empleaban las mulas como el medio de transporte más utilizado en la zona, al tiempo que la carretera dibuja patrones interesantes al serpentear a lo largo de la montaña.

En realidad, el camino se muestra hoy mucho peor de lo que realmente es.

Sin embargo, tanto en 1.988 como en 2.012, se impone un poco de cautela para avanzar en esta carretera.

En 1.988, se impone una breve parada para descansar y comer algo.

Entretanto, en 2.012, podemos detenernos tranquilamente de cuando en cuando, ya que el tiempo no apremia.

Uno que otro pasito más estrecho requirió un poco más de cuidado, pero nada especialmente complicado.


Atisbando nuestro lugar de destino por primera vez. 1.988.

¡Por fin tenemos el destino a la vista! Cuando ya pensábamos que no llegaríamos, de pronto, al salir de una curva, tuvimos nuestra meta a la vista.

                         Atisbando nuestro lugar de destino por primera vez. 2.012.

Una de las cosas que nos parece recordar, es que el camino en 2.012 es más corto que lo que era en 1988. En aquella ocasión, no solo nos pareció mucho más largo, sino que en muchas oportunidades ascendíamos durante largos trechos, para luego iniciar unos prolongados descensos en los que daba la impresión de que llegaríamos al fondo del valle. Esta secuencia se repitió tantas veces que estuvo a punto de llevarnos a la desesperación y a pensar que nunca llegaríamos a nuestro destino.

En cambio, en 2.012 no vivimos ese continuo sube y baja, por lo que el viaje resultó ser mucho más corto de lo que recordábamos. Además, resulta evidente que la carretera es ahora más ancha, en comparación a lo que era en aquél entonces, en casi toda su extensión. De hecho, en 1.988 afrontamos un par de recodos en los que la Cherokee no podía cruzar sin dejar una rueda trasera en el aire. Y eso a pesar de que no es una camioneta grande para los estándares de hoy. En contraste, en 2.012 ni siquiera la 200 (Roraima) tuvo dificultades como las que afrontamos entonces, a pesar de su gran tamaño.

                                                                     Este es el aspecto que presenta hoy la calle que sube desde la Plaza Bolívar de Los Nevados. Ciertamente, la fotografía no puede siquiera empezar a dar una idea de su pendiente real.


                                                Este era el aspecto de la misma calle cuando aún era de tierra en 1.988.

                                                                         En algún momento entre 1.988 y 2.012, se perdió el empedrado que observamos en la fotografía de más vieja data que antecede a esta.

                                                                        La fotografía de grupo de los antiguos viajeros.

Recordamos claramente como, para la época, nuestra presencia en el pequeño poblado fue casi un acontecimiento. Mientras que la de la Cherokee, no sabemos si por lo novedoso del modelo, o por su gran tamaño en comparación con los serie 40, único medio de transporte automotriz autóctono, resultó ser todo un espectáculo para la gente de aquí, que no dejaba de mostrar asombro por la presencia de ese vehículo, tan ajeno a este lugar.

                               Aunque en distinta ubicación, y a pesar de estar sobre un pedestal diferente, el busto del Libertador parece ser el mismo que encontramos en esta plaza 24 años antes. Por lo menos hasta que a los genios que nos gobiernan les de por cambiarlo por uno en el que la cara de Bolívar refleje el aspecto de Hombre de Neandertal con que ahora quieren presentarlo.

                             Estas dos bellas lugareñas nos deleitaron con su compañía y su agradable conversación durante un buen rato.

                                                          La Plaza Bolívar, como luce en 2.012.

                                 Una vista de la Plaza Bolívar, como se veía en 1.988.

                                      La muy bien lograda la instalación del winche en esta Fortuner.

                                 2.012. Vista desde la parte alta del pueblo.

                               Vista nocturna de la Plaza Bolívar.

                                                     ¡Con este frío hay que dormir bien arropado!

                              Aprestándonos para iniciar el camino de vuelta a Mérida.

                              La salida de Los Nevados.

                                  Iniciando el camino de regreso.

                                 Aquí, justamente detrás de la iglesia, donde solo había monte, hoy existe una agradable posada que nos sirvió de alojamiento durante nuestra más reciente estadía en este amable lugar.


Comenzando el retorno. 1.988.

                                    Otra típica fotografía a través del parabrisas.

                               Vehículo de frente en uno de los lugares más anchos de la vía. Gracias a la tradicional amabilidad de la gente de Los Andes, solo tuvimos que retroceder una vez en todo el trayecto.


Las mulas, que nuevamente hacen su aparición en las viejas fotos de este relato, estuvieron prácticamente ausentes en nuestra mas reciente visita a esta región.

                                  Uno de los tantos ascensos y descensos que, como ya mencionamos, existían con anterioridad pero no están presentes hoy en el camino a Los Nevados.

Durante el regreso nos vimos forzados a hacer varias paradas para descansar. En parte porque al viajar en esta dirección, el barranco queda del lado del conductor, lo cuál tenía un innegable efecto psicológico sobre este, especialmente cuando el camino era más estrecho.
También urgía detenerse, porque al carecer de dirección hidráulica, la conducción del 40 se hacía realmente pesada.

                                    Esta singular estructura protege a los vehículos y a todo el que transite por esta carretera de las piedras que caen constantemente desde la montaña.

                                      Esta carretera, que lleva hasta el poblado de Las Acequias, presenta un grado de dificultad muchísimo mayor que el que encontramos hacia Los Nevados. Así que sin pensarlo mucho, decidimos recorrerla.

                                          Los niños no desperdician ninguna oportunidad que se presente para jugar y pasar un buen rato.

                                      De regreso nuevamente aprovechamos la oportunidad de poder pernoctar en el Parque La Mucuy. Es grato recordar que acompañamos la cena con la que celebramos nuestra exitosa llegada a Los Nevados con un enorme bloque de chocolate y unos tragos de orujo, el fuerte aguardiente gallego que calienta el corazón y enciende las entrañas.

En esta oportunidad, el guardaparque, con quien habíamos hecho amistad en el trayecto de ida, nos permitió pasar la noche en las instalaciones dispuestas para grupos de visitantes al parque. En un gran espacio había una gran cantidad de literas y, sobre todo, instalaciones sanitarias que permitían el lujo de bañarse con agua caliente.

                                       Así lucía el Pico El Águila en 1988.

                                         Montando campamento con la libertad que permitían aquellos tiempos en que la inseguridad no imperaba como lo hace hoy

                                                Las tiendas de campaña (no sé si llamarlas carpas) de aquél entonces lucen anticuadas e inadecuadas hoy en día.


En 1.988, casi como despedida, provechamos la oportunidad para visitar el Observatorio Nacional de Llano del Hato, antes de emprender el camino de regreso a casa.

                                       Ya listos para emprender el regreso a Caracas. Es solo cuestión de cargar los últimos perolitos y arrancar.

¿Cómo lo hicimos?

Traerles una reseña de dos paseos que tuvieron lugar con 24 años de diferencia entre sí, de manera simultánea y en tiempo real, no fue tarea fácil.

PNLCS-maquina-tiempoPara lograrlo, tuvimos que diseñar y construir la exótica y compleja máquina del tiempo que se ve en la fotografía de la izquierda. En ella, pudimos movernos de manera rápida y segura entre un instante y otro, a fin de poder recabar la información más precisa posible de ambos eventos mientras se encontraban en pleno desarrollo.

tucanviajero.com

5 thoughts on “Cuento de dos paseos. Los Nevados 1988-2012

  1. Felicitaciones, este post esta excelente, me gusto mucho y con su permiso lo voy a recomendar. Me agrada bastante su blog y soy un lector frecuente. Continuen asi que bastante falta nos hace leer cosas buenas de este pais.

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