Semana Santa 2013 en aquellos llanos. Vichada 1

Mediados de abril 2013

– Hola pana ¿Cómo anda todo? ¿Y la chama?
– ¡Mejor imposible! ¿Y el piojito?
– Fino. Todo bien. Mira,te llamo porque desde hace un par de días, la camioneta está zapateando… Como si fuera sincrónica y tuviera el cloche malo.
– ¿Y no revisaste si la “caja” tiene agua? Tú sabes, después de lo de Colombia…

Esta transmisión automática dañada y desarmada sobre un banco de trabajo, fue la sorpresa final que nos tenían reservadas nuestras vacaciones de semana santa en la vecina Colombia.

¿Qué pudimos haber hecho para que tuviera un sino tan nefasto?

Sábado 23.02.2013
El Plan

En esta ocasión, entre una cosa y otra, volvió a surgir la opción de reunirnos para decidir el destino de nuestro viaje de semana santa.

Parece ser que definitivamente, en nuestro grupo, la buena comida y mejor compañía es todo el combustible que se necesita para impulsar el surgimiento de planes y mantener vivo el espíritu de aventura.

Comienzan a surgir los planteamientos, ideas y argumentos a favor y en contra de cada destino propuesto. Los Andes, con todo y sus encantos, suelen ser un destino complicado para semana santa, con la sucesión de procesiones y otros eventos religiosos propios de la época dificultando los desplazamientos por la región. Tenemos una vía pendiente por explorar desde nuestra última ida a La Gran Sabana, pero tal vez Semana Santa con tanta gente y las dificultades con la gasolina, no sea la época más propicia para hacerlo.

Colombia también es una opción interesante. Desde hace ya un buen tiempo hemos tenido en mente ir a ver la nieve en la costa del Caribe, o tal vez volver a visitar el Parque Nacional Natural Los Nevados.

Imágenes como estas, publicadas por un usuario de Google Earth, llamaron la atención de uno de nuestros amigos, quién logró contactarlo en procura de mayor información.

Finalmente, entre varias opciones propuestas, resolvimos que en semana santa, justo dentro de un mes, visitaríamos el Departamento de Vichada, en los llanos orientales de Colombia, con la intención de llegar hasta el Parque Nacional Natural El Tuparro.

Así pues, nuestro destino de semana santa sería el Departamento de Vichada, parte de los llanos orientales de Colombia, y el segundo departamento más grande de ese país, después de Amazonas.

El plan sería cruzar desde Puerto Páez hasta Puerto Carreño, que desde el lado colombiano solo se considera accesible por vía terrestre en época de verano, es decir entre mediados de noviembre y febrero, en la ruta que parte de Villavicencio – Puerto López.

Nosotros, intentaríamos cruzar donde no está establecido el paso de vehículos, y por tanto, no hay tráfico regular de embarcaciones para transportarlos ni oficinas para hacer los trámites correspondientes.

Domingo 24.03.2013
De Caracas a Puerto Páez.

Aunque cada quien por su lado, la mayor parte del grupo salió tempranito de Caracas. La intención era irnos encontrando por el camino o en todo caso, al llegar a Puerto Páez. En esta oportunidad el recorrido se dio prácticamente sin inconvenientes, salvo por los retrasos causados por las alcabalas y los vendedores ambulantes, particularmente los de café, apostados en diversos policías acostados a lo largo del camino.

Entrando a Calabozo, donde al parecer el camarada Ngo Tien Dung venía llegando también. “Camarada el ratón del queso”

Repostando gasolina en el camino, lo cual resultó una decisión muy acertada puesto que en Puerto Páez es dificilísimo encontrar gasolina, más aún si se trata de un grupo de 10 carros. Por lo que pudimos ver posteriormente, en esa población fronteriza, el poco comercio local de gasolina es en función de las omnipresentes motos chinas. Por esta razón, la unidad de medida que prevalece es la botella de refresco de 2 litros.

Aquí, prácticamente a la entrada del pueblo, nos fuimos reuniendo todos en la medida que íbamos llegando a Puerto Páez.

Aprovechamos la oportunidad para presentar a Fernando, el más joven de nuestro grupo. Aquí lo vemos entablando amistad con un chamo de la zona. Con solo 5 meses de edad, Fernando fue quién mejor se comportó de todos nosotros. Incapaz de una mala palabra, o de asumir alguna conducta o actitud impropia, no se quejó ni una vez, y demostró estar siempre de muy buen humor.

Fue necesario recorrer 640 kilómetros y viajar 11 horas para dar por terminado el día en Puerto Páez.

Algunos decidieron regresar hasta Caño La Pica a pasar la noche. Realmente es preferible llegar hasta aquí, ya que en las inmediaciones de Puerto Páez no hay ningún lugar decente donde acampar.

La alegría es evidente cuando terminan de llegar todos los que tomarán parte en este paseo.

Lunes 25.03.2013
Trámites y papeles.

Otros pasamos la noche aquí. Aunque solo ofrece poco más que una habitación con aire acondicionado y donde estacionar, nos pareció más que suficiente para dormir sin padecer el agobiante calor que nos castigó durante todo el día. Alojamiento honesto, sin pretensiones y acorde a las circunstancias.

Además, quedarnos en el pueblo nos facilitaría comenzar las gestiones para cruzar a Colombia bien temprano en la mañana.

Recomendaría la Posada Brisas del Lago a quien tenga que pasar la noche en Puerto Páez y no quiera padecer el sofocante calor de la zona y desee sobrevivir los embates de los mosquitos.

La entrada a Puerto Páez.

La Plaza Bolívar del pueblo.

El Río Orinoco. Al otro lado se encuentra la población colombiana de Puerto Carreño.

Lo único que encontramos para desayunar en el pueblo.

Nos llamó la atención no poder dar con un sitio donde comernos unas arepas o unas empanadas, tan comunes en Venezuela, especialmente cuando de desayunar se trata. Y es que según nos contaron en las poquísimas ventas de comida que encontramos, el contrabando hacia Colombia hace que muchos productos alimenticios, entre ellos la harina de maíz, y otros insumos como cabillas, cemento, etc., no sean fácilmente obtenibles aquí.

Tomamos una pequeña lancha para dirigirnos a Puerto Carreño y dar inicio a los trámites necesarios para visitar el vecino país. De acuerdo a la información que teníamos, también debíamos buscar la embarcación que nos permitiera cruzar con los carros, de aquél lado del río.

Estas son las pequeñas embarcaciones que prestan el servicio regular de taxi entre Puerto Páez y Puerto Carreño.

Del lado colombiano.

Ya en Puerto Carreño, nos llama mucho la atención el contraste con el lado de venezolano del río. Calles pavimentadas y limpias, mucha actividad comercial, variedad y disponibilidad de productos, edificaciones públicas y privadas de calidad. ¡Y pensar que nosotros somos el rico país petrolero!

El ACPM (Aceite Combustible Para Motores) no es más que nuestro gasoil, a otro precio, claro está.

Tras visitar el consulado venezolano en esta parte de Colombia, a fin de que permitieran el paso de una embarcación que pudiera transportar nuestros carros, dimos con el pana “Mil Amores”.

Él podría prestarnos el servicio con su planchón, que vemos aquí, con el inconveniente de que sólo tenía capacidad para dos carros. Si además tomamos en cuenta las dificultades impuestas por lo bajo que estaba el río, la situación presagiaba un largo y penoso proceso para lograr poner nuestros 10 carros del lado colombiano.

Mil Amores resultó ser un tipo extrovertido y simpático, cuyas historias y anécdotas sobre la vida en la frontera resultaron ser una experiencia ilustradora, y por demás entretenida.

Descargando cerveza Polar en Colombia. En estos pueblos fronterizos, hoy en día es prácticamente imposible determinar cuanta de la actividad que uno presencia es legal.

Conversando con las autoridades del SENIAT en Puerto Páez, nos enteramos de que la única opción que teníamos para sacar nuestros carros legalmente de Venezuela pasaba por ir hasta Puerto Ayacucho a hacer el papeleo correspondiente.

En el Paso del Burro, haciendo la cola de la chalana en camino hacia Puerto Ayacucho.

En vista de que, a causa del papeleo, se imponía pasar otra noche de este lado de la frontera, el grupo que no partió hacia Puerto Ayacucho decidió explorar los alrededores de Puerto Páez. La idea era buscar un lugar donde acampar y no tener que rodar otra vez hasta el Santos Luzardo a pasar la noche.

La exploración resultó infructuosa. Como se aprecia en esta foto, esta playa, que era el lugar más recomendado por los lugareños, resultó ser el basurero que podemos ver aquí. ¿Cuándo aprenderemos?

Mientras, la comisión que partió a encargarse de obtener los papeles en Puerto Ayacucho hacía su trabajo. Aunque la espera fue relativamente larga, tenemos que agradecer la corrección y cortesía en el trato recibido en las oficinas del SENIAT, algo digno de destacar, por ser muy raro en la Venezuela de hoy.

Aquí, básicamente, sólo vemos reflejado el recorrido de ida y vuelta hasta Puerto Ayacucho

Una parrilita como cena y a dormir otra noche en la posada.

Martes 26.03.2013
Cruzamos por fin.

Un campo minado en el corazón de Puerto Páez. Al menos eso indica el letrero.

Con el calor reinante, y sin refrigeración, hay que pensar que la carne que no se vende inmediatamente se pierde.

Seguimos esperando. Esta vez por Mil Amores, cuya embarcación no usaremos, al menos en esta ocasión. Pronto veremos por qué, pero aun así es nuestro deber pagarle por haber trasladado su chalana desde Colombia a causa nuestra.

Continúa el papeleo. Bajo este toldo funciona el SENIAT en Puerto Páez. Tenemos que entregar la documentación que logramos tramitar en Puerto Ayacucho.

Esperando en El Burro para embarcarnos rumbo a Colombia. En este lugar por segunda vez consecutiva, se nos acercó alguien indicando ser seguidor del Tucán viajero. En esta oportunidad, gracias a la lección aprendida en Kavanayén, supimos manejar adecuadamente la situación, y compartimos un buen rato con la joven pareja que se nos aproximó.

No les hemos contado que a nuestro regreso de Puerto. Ayacucho, logramos cuadrar una embarcación venezolana capaz de pasar nuestros nueve carros a la vez por Bs. 23.000, ahorrándonos muchísimo tiempo en el proceso. Esta es la razón por la que decidimos prescindir de los servicios de Mil Amores y la embarcación colombiana.

Por cierto que el número de carros en nuestro grupo se vio reducido a nueve por problemitas de salud de uno de nuestros pilotos, que prefirió regresar a Caracas antes que poner en riesgo el viaje de los demás.

La unión de las dos aguas en este punto recuerda mucho, guardando las distancias, claro está, el célebre encuentro del Río Negro, el Río Amazonas y el Río Madera en Manaos. Sólo que aquí se trata del Orinoco que se encuentra con el Meta.

La suma del intenso calor reinante en la zona, y el sol reflejándose sobre el planchón de la embarcación, dio como resultado que la temperatura dentro de esta camioneta alcanzara los 50° C.

Desembarcando en Colombia. Aquí nos esperaban las diversas autoridades colombianas, a quienes debemos agradecer la calurosa y cordial bienvenida que nos brindaron al arribar a su país.

Las instalaciones del DIAN (SENIAT colombiano) en Puerto Carreño contrastan con las del lado venezolano. Además, la amabilidad del gerente a cargo nos abrumó desde un principio, haciéndonos sentir más que bien recibidos. De hecho, la gente del DIAN tuvo la cortesía de encargarse de todo el papeleo necesario para la entrada legal de nuestros vehículos a Colombia. Adicionalmente nos dieron instrucciones y recomendaciones para que cumpliéramos con los requisitos de inmigración, policiales y de entrada al Parque Nacional Natural El Tuparro.

¿Águila o Poker? Con este calor, lo único que importaba realmente es que estuviera muy fría.

He aquí el superintendente de policía que nos impresionó por la cortesía y amabilidad con que dio cabal cumplimiento a sus obligaciones. En la foto vemos el momento en que se nos solicita reunirnos para recibir una charla obligatoria en las que se cubrieron las recomendaciones de seguridad, ambientales y legales pertinentes a nuestra visita. Quedamos gratamente impresionados tanto por su facilidad de expresión, como por su nivel académico y cultural.

Solo con empleados públicos y autoridades con el nivel y la educación que encontramos en Puerto Carreño, puede un país aspirar a tener una actividad turística importante.

Al final del día, ya legalmente en Colombia, nos dirigimos a pasar la noche en un una especie de club campestre que nos recomendaron en las afueras de la ciudad.

Tanto tiempo invertido en cruzar el río y en trámites dio poca oportunidad para rodar. Mañana será otro día.

Refrescándonos después de un día sumamente largo y caluroso.

Esta noche jugaba Venezuela contra Colombia en las eliminatorias para el Mundial Brasil 2014. Incluso los que no somos fanáticos del fútbol pasamos un rato muy agradable con nuestros anfitriones viendo a Venezuela ganar este compromiso.

Después de la cena y de las bromas a causa del resultado del juego, nos quedamos dormidos como un bebé.

Miércoles 27.03.2013
Por fin, el llano colombiano.

El desayuno: Flips con leche pa’ los viejitos.

Acampar en este lugar con seguridad, churuatas, baños, dos piscinas y televisión (gracias a lo cual pudimos ver el juego anoche) costó Bs. 200 por carro.

Listos para salir.

La policía además de escoltarnos muy amablemente hasta el final del asfalto, nos proveyó de números de celular, tanto colombianos como venezolanos, así como frecuencias de radio que nos permitirían estar en contacto con ellos en caso de necesidad.

Continuará…

tucanviajero@yahoo.com

One thought on “Semana Santa 2013 en aquellos llanos. Vichada 1

  1. Desde aqui en Pigeon Forge Estado Tennesse, USA dia 2 de Enero 2014 hora 4,29 am les digo: nada como nuestra tierra, aqui tengo una semana rodando, si ok buen carro, buenas carreteras, buenos restaurantes pero me quedo con mi Venezuela querida !

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