Semana Santa 2013 en aquellos llanos. Vichada 2

Comienza el paseo.

Como siempre, abandonar el asfalto es motivo de gran satisfacción. Aunque el paseo comenzó el sábado en la mañana, nos ha tomado tres días desde que salimos de Caracas hasta llegar a este momento, en que empezamos a rodar y explorar la zona que vinimos a conocer.

El puente sobre el Río Bita.

Aquí por fin sentimos que estamos en los llanos colombianos, que a fin de cuentas, son como los nuestros.

Los llanos, así, en general, se centran en la Cuenca del Orinoco, el tercer río más caudaloso del planeta. Los componen una variedad de paisajes, como bosques secos, praderas tropicales, y sabanas inundables que rebosan de vida silvestre, que cuenta con más de 100 especies de mamíferos y 700 de aves. La división entre los llanos venezolanos y colombianos obedece al hábito humano de establecer divisiones caprichosas entre países y no a las diferencias naturales existentes entre ambos.

Salvo por lo desvalijado, este serie 60 techo alto lucía en bastante buen estado. Quién sabe cómo habrá llegado a tener este triste final.

Importante lección. Aquí nuestro amigo nos demuestra que siempre hay que determinar la profundidad y tipo de fondo de un río antes de intentar un vadeo.

Extraña y sorpresivamente este 70 sencillamente se apagó. Y lo que es peor, no quiso volver a prender.

Montando la operación de rescate.

Panorámica de nuestro cruce del Río Dagua.

Cruce del último vehículo de nuestro grupo, tras haber cumplido con las labores de rescate.

Llegamos a la población de Casuarito.

Por lo poco que pudimos ver, este extraño artefacto parecía tener tren motriz Toyota. Desafortunadamente su propietario no estaba por allí, lo que nos hubiera permitido conocer y fotografiar más detalles de su historia, de su mecánica y de su construcción.

Cargando algo de gasolina en Casuarito.

Allá enfrente está Puerto Ayacucho.

Con la amabilidad que caracterizó a todos los colombianos con los que tuvimos contacto en este viaje, el joven de la moto nos guió desde Casuarito hasta este lugar para acampar en el Río Mesetas.

Estos peces sabían aprovechar muy bien la corriente para permanecer estáticos en el río sin esfuerzo aparente. A pesar de parecer presas fáciles, resistieron exitosamente todos los esfuerzos de los pescadores del grupo porque pasaran a ser parte de nuestro menú de esa noche.
Por fin un día en que prácticamente todo el recorrido fue fuera del asfalto.
Con el extenuante calor como constante, lo único por hacer es instalarnos en el río a pasar un buen rato entre amigos.

Nuestro campamento cuando aún es de día.

Se da inicio a los preparativos para la cena.

Nuestro campamento de noche.

Jueves 28.03.2013
La increíble y triste historia del abandono de Tambora.

Amanece y debemos aprestarnos para continuar rumbo al Parque El Tuparro.

La ocasión es más que propicia para una foto de grupo. 2013 es el año que marca 40 años de amistad y logros para el Caracas Jeep’s Club.

UAZ-469, un pequeño 4×4 soviético de la década de los 70. Viendo los detalles y calidad de su construcción y acabados, es fácil ver por qué se desmoronó ese nefasto bloque dizque socialista.

El curioso diseño del diferencial trasero del UAZ, parece indicar que en su afán de reducir costos, sus ingenieros apenas usaron el material suficiente para envolver apretadamente la corona.

Esperando pacientemente para cruzar el Río Mesetas.

Comienza el proceso de cruzar el río.

Como los carros pasaban solo de dos en dos, se aprovechó para averiguar por qué el 70 azul se había apagado en el vadeo anterior.

Resultó ser que el cable de alta tensión de la bobina estaba tostado en un extremo. La reparación requirió cortar esa punta del cable para dejar expuesto un segmento en buen estado y reusar el terminal.

La calidad y las características de seguridad del elemento de sujeción del pivote del planchón fueron motivo de nuestra más sincera admiración.

Cuando le preguntamos al joven chalanero acerca de cuantos carros venezolanos solían pasar por este punto, nos respondió que era la primera vez que él los veía.

Una indicación aproximada de nuestra ubicación.

Un FJ43, modelo que nunca fue comercializado en Venezuela.

Llegamos a esta finca donde obtuvimos más información, y donde una vez más, había alguien presto a tomar un vehículo y guiarnos.

En cuestión de minutos, nos tocaría seguir a este 60, cuyo dueño se ofreció a servirnos de guía e indicarnos la dirección correcta hacia nuestro destino.

Los paisajes y formaciones rocosas que habíamos visto en Google Earth se hacen presentes a lo largo de nuestra ruta.

Probando el winche.

Llegamos a un par de casitas en lo que parecía ser el medio de la nada. Así, al bajarnos de los carros a echar un vistazo, nos sorprendió ver que en realidad se trataba de muchas casas dispuestas de forma circular, como carretas de colonos defendiéndose de un ataque de los Sioux en una vieja película de vaqueros.

Vista satelital del grupo circular de casas abandonadas.

Fernando sigue demostrando su buen comportamiento.

Una segunda foto de grupo.

Encontramos estas instalaciones que parecen haber sido algo como un colegio grande, de la talla del Liceo San José de Los Teques o el Colegio La Salle en Caracas. Estas, a pesar de estar evidentemente abandonadas, no habían sido desvalijadas y se encontraban en buen estado. Decidimos detenernos aquí a almorzar y descansar un rato bajo la sombra de los frondosos árboles que hay en los alrededores.

¡A comeeeer!

Puesta la mesa para un liviano pero variado almuerzo. Una comida pesada no tiene cabida cuando el calor es tan intenso y el tiempo es escaso.

Después de almorzar, rodamos unos kilómetros hacia el sureste y encontramos otras instalaciones similares a las anteriores. Otro colegio, instituto universitario o escuela vocacional aún más grande y en similares condiciones que el anterior, solo que situado a orillas del Río Orinoco.

Aquí volvimos a ver aulas equipadas, talleres, un gran comedor, todo con su mobiliario en buen estado y cuidadosamente almacenado. Es imposible dejar de sorprenderse ante el hecho de que estas maravillosas y evidentemente muy costosas instalaciones estén abandonadas.

Al menos aquí si había un pequeño grupo de gente que parecía estar a cargo de custodiar el lugar. Nos contaron que tanto este establecimiento como aquél en el que habíamos almorzado poco antes, fueron institutos educativos manejados por los padres salesianos. En ellos se daba cabida a “gamines”, sacándolos de la calle y el mundo de las drogas para brindarles educación de calidad y con ella un futuro más promisor.

Lamentablemente, la guerrilla encontró aquí un semillero para nutrir sus filas, material humano para reclutar, lo que obligó a los padres a suspender su encomiable labor en estos estupendos lugares.

Por cierto, también nos enteramos de que las casitas dispuestas en círculo que tan misteriosas nos habían parecido estaban destinadas a albergar a las familias que venían a visitar a los muchachos que se formaban aquí.

De ser cierta esta historia, es entonces a los guerrilleros a quienes debemos que se haya perdido esta inversión, este enorme esfuerzo y la posibilidad de un futuro digno de los muchachos que se formaban en estos lugares.

Este enorme busto de Simón Bolívar, con el pelo arrastrado por el viento, lo cual le brinda un aspecto bastante peculiar, mira hacia el Orinoco.

Tambora, Bachillerato ecológico.

También resulta bastante extraño que todos los intentos por encontrar información en Internet sobre estos sitios, su funcionamiento y su historia fueran infructuosos.

Por ser ya jueves santo, y habiéndonos enterado de las dificultades que representaba seguir hacia El Tuparro desde aquí, decidimos emprender el camino de regreso.

Un camaroncito para cargar baterías antes de empezar a rodar nunca cae mal.

Continuará…

tucanviajero@yahoo.com

3 thoughts on “Semana Santa 2013 en aquellos llanos. Vichada 2

  1. Resulta curioso y chistoso que los participantes presentes en el paseo del Caracas Jeep’s Club, cumpliendo el 40 aniversario, anden en Toyotas.

    • Gracias por tomarte el tiempo de escribirnos..
      Totalmente de acuerdo en que viajar por Venezuela es una aventura y un placer.
      Estuve por t blog y lo disfruté mucho. La anécdota de la “picada” de raya está buenísima y muy original. Me hubiera gustado dejarte un comentario por allá, pero no me fue posible porque no tienes un campo para ello. Tal vez deberías considerar habilitarlo.
      Saludos y ¡felices viajes!

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